Acuicultura en Chile

Investigación y desarrollo

Transformar una experiencia experimental en una actividad productiva estable requiere años de ciencia, tecnología, inversión y desarrollo de mercado.

¿Por qué investigar nuevas especies?

La acuicultura chilena ha alcanzado una posición relevante gracias principalmente al desarrollo de actividades consolidadas como la salmonicultura y la mitilicultura. Sin embargo, esta concentración también ha impulsado durante décadas la búsqueda de nuevas alternativas productivas.

Diversificar significa ampliar la matriz acuícola hacia nuevas especies, nuevas regiones y nuevos modelos de producción.

El objetivo no es necesariamente reemplazar los cultivos existentes, sino generar nuevas oportunidades productivas, disminuir la dependencia de unas pocas especies, incorporar recursos nativos y desarrollar productos capaces de acceder a distintos mercados.

Una búsqueda que lleva décadas

Chile ha desarrollado numerosos programas de investigación, cultivo experimental y adaptación tecnológica orientados a diversificar su acuicultura.

En este proceso han participado actores públicos, privados y académicos, entre ellos:

  • universidades;
  • empresas;
  • CORFO;
  • el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP);
  • Fundación Chile.

A partir de los estudios de clústeres impulsados durante la década de 2000, la acuicultura fue identificada como una actividad estratégica por su potencial de crecimiento, innovación y agregación de valor. En ese contexto, distintas agencias públicas comenzaron a impulsar programas orientados a ampliar la base productiva más allá del salmón.

¿Qué especies se han investigado?

La búsqueda de nuevas alternativas ha incluido peces, moluscos y macroalgas.

Entre las especies y grupos estudiados se encuentran:

  • merluza austral;
  • bacalao de profundidad;
  • congrio colorado;
  • seriola;
  • corvina;
  • lenguado chileno;
  • ostras;
  • huiros y otras macroalgas.

También existen experiencias con otras especies que han alcanzado distintos niveles de desarrollo, como abalones, esturión y turbot o rodaballo.

Pero existe una diferencia fundamental entre investigar una especie y disponer de una industria consolidada.

De la investigación al mercado: un camino por etapas

No todas las especies investigadas se encuentran en la misma situación.

Algunas ya poseen una producción comercial estable; otras se desarrollan en mercados de nicho; algunas han avanzado hacia escalas precomerciales o pilotos demostrativos; y otras permanecen principalmente en investigación y desarrollo.

Una especie puede demostrar que es posible reproducirla y cultivarla en condiciones controladas y, aun así, no estar preparada para transformarse en una industria.

Para llegar a escala comercial es necesario resolver, entre otros aspectos:

  • el conocimiento de su biología;
  • reproducción y producción regular de juveniles;
  • alimentación;
  • sanidad;
  • tecnologías y sistemas de cultivo;
  • costos de producción;
  • escalamiento;
  • regulación;
  • financiamiento;
  • y existencia de un mercado capaz de sostener la actividad.

Por esta razón, varios proyectos desarrollados en Chile han conseguido avances científicos importantes, pero han enfrentado posteriormente dificultades regulatorias, sanitarias, comerciales, de escalamiento o financiamiento.

Algunas especies han avanzado más que otras

La corvina es uno de los casos relevantes de investigación aplicada sobre especies nativas. Existen antecedentes de cultivo y cosechas piloto, aunque el desafío continúa siendo avanzar hacia una producción estable y comercialmente competitiva.

El congrio colorado también ha sido estudiado como una especie nativa de alto valor, incluyendo experiencias vinculadas a sistemas de cultivo en tierra y recirculación. Su desarrollo todavía enfrenta desafíos relacionados con escalamiento, costos, producción regular y acceso a mercados.

La seriola, también conocida como dorado o yellowtail, ha formado parte de proyectos de alta complejidad tecnológica, especialmente en sistemas en tierra y con orientación hacia mercados de alto valor. En este caso corresponde hablar todavía de escalamiento y proyección, no de una industria consolidada.

La merluza austral y el bacalao de profundidad también han sido considerados en iniciativas de diversificación, aunque transformar su potencial biológico en una actividad comercial exige resolver importantes desafíos tecnológicos y económicos.

Diversificar no siempre significa producir más toneladas

Existe otra forma de entender la diversificación.

Una nueva actividad acuícola no necesariamente debe alcanzar los volúmenes de la salmonicultura o la mitilicultura para ser exitosa.

Algunas especies pueden desarrollarse en escalas menores y orientarse hacia mercados especializados de mayor valor. Es el caso, por ejemplo, del esturión, cuyo interés productivo se relaciona con productos como el caviar y con ciclos de cultivo largos.

Este tipo de experiencia demuestra que diversificar también puede significar desarrollar productos especializados, con menor volumen pero mayor valor por unidad.

¿Por qué es tan difícil crear una nueva industria acuícola?

El desarrollo de una nueva especie requiere mucho más que conocimiento científico.

Es necesario construir simultáneamente una cadena productiva: disponer de juveniles, alimento, tecnología, capacidades sanitarias, infraestructura, proveedores, regulación, financiamiento y compradores.

Por eso, el paso desde una experiencia experimental hasta una producción comercial puede ser largo.

En Chile se han identificado cerca de 60 especies con potencial para su cultivo. Sin embargo, desarrollar comercialmente una nueva especie puede requerir alrededor de 10 años de investigación y desarrollo, además de la creación de capacidades especializadas.

Esto ayuda a comprender por qué muchas iniciativas permanecen durante años en etapas piloto, precomerciales o de validación tecnológica, aun cuando hayan conseguido resultados científicos relevantes.

Investigación, innovación y futuro

La diversificación acuícola es, por lo tanto, un proceso de largo plazo.

La experiencia chilena muestra que ciencia, tecnología y producción deben avanzar conjuntamente. No basta con identificar una especie con potencial: también es necesario desarrollar un sistema productivo que sea técnica, económica y comercialmente viable.

Los resultados obtenidos hasta ahora han sido diversos. Algunas actividades distintas de la salmonicultura lograron consolidarse comercialmente, mientras muchas iniciativas orientadas a nuevas especies continúan en fases experimentales, piloto o precomerciales.

Más que interpretar estos procesos únicamente en términos de éxito o fracaso, permiten acumular conocimiento, desarrollar tecnologías y comprender mejor las condiciones necesarias para ampliar de manera sostenible la matriz acuícola del país.