Salmonicultura

Salmonicultura global

La salmonicultura es una cadena que va desde los reproductores hasta los mercados, y un eslabón de la producción mundial de alimentos.

¿Qué es la salmonicultura?

La salmonicultura es una actividad acuícola dedicada al cultivo controlado de peces pertenecientes al grupo de los salmónidos, principalmente el salmón Atlántico (Salmo salar), el salmón coho (Oncorhynchus kisutch) y la trucha arcoíris (Oncorhynchus mykiss), con el propósito de producir alimentos de alto valor nutricional.

Aunque suele asociarse principalmente con los centros de cultivo instalados en el mar, en realidad comprende una cadena productiva mucho más amplia. El proceso incluye el manejo de reproductores, la fertilización e incubación de las ovas, la crianza de los primeros estados del pez en agua dulce, su posterior cultivo en el mar, la cosecha, el procesamiento y la distribución hacia los mercados. Pasos que son reconocidos como cadena de valor.

Por esta razón, la salmonicultura no consiste simplemente en “criar peces”. Es una actividad que integra conocimientos y capacidades en áreas como biología, genética, nutrición, salud animal, bienestar, ingeniería, tecnología, logística, procesamiento, regulación ambiental y comercio internacional.

Muchas de las especies cultivadas poseen una característica biológica fundamental: son anádromas. Esto significa que, en condiciones naturales, nacen y atraviesan sus primeras etapas en agua dulce, migran al mar para crecer y posteriormente regresan a los ríos para reproducirse. La salmonicultura reproduce este ciclo de manera controlada mediante instalaciones de agua dulce y centros de cultivo marinos.

Una actividad vinculada al sistema alimentario mundial

La salmonicultura forma parte de una transformación más amplia en la manera en que el mundo obtiene alimentos desde ambientes acuáticos, insertándose dentro de la acuicultura. Durante muchas décadas, el suministro dependió principalmente de la pesca de poblaciones silvestres. Sin embargo, el crecimiento de la acuicultura ha permitido aumentar la producción de alimentos acuáticos mediante el cultivo controlado de peces, moluscos, crustáceos y algas.

En 2022, la acuicultura produjo 94,4 millones de toneladas de animales acuáticos y, por primera vez, superó a la pesca de captura, alcanzando el 51 % de la producción mundial. Este cambio refleja la creciente importancia del cultivo para responder a la demanda de alimentos provenientes del agua.

Dentro de este escenario, el salmón ocupa una posición particular. No es el grupo de mayor volumen dentro de la acuicultura mundial, pero sí uno de los más relevantes por su valor económico, su grado de sofisticación tecnológica, su presencia en el comercio internacional y su visibilidad entre los consumidores.

La expansión de su producción también ha permitido mantener una oferta más estable durante el año y abastecer mercados ubicados en distintos continentes. De esta forma, el salmón dejó de ser un alimento asociado exclusivamente a determinadas regiones frías y pasó a convertirse en un producto de alcance global.

Una actividad biológica, tecnológica y territorial

La salmonicultura moderna se ha desarrollado gracias a la interacción de numerosos avances. Entre ellos se encuentran el mejoramiento genético, la nutrición acuícola, los alimentos formulados, la vacunación, el monitoreo ambiental, la automatización, la logística de frío y la apertura de nuevos mercados internacionales.

Sin embargo, su desarrollo también depende de las condiciones de los territorios donde se instala. El cultivo en sistemas abiertos está influido por factores dinámicos como la temperatura, el oxígeno disponible, la circulación del agua y la capacidad del ambiente para procesar la materia orgánica.

A estos factores se suman desafíos relacionados con la salud y el bienestar de los peces, la regulación, el uso del espacio costero, el cambio climático, la trazabilidad, las exigencias de los mercados y la relación con las comunidades. Por eso, evaluar la salmonicultura moderna no significa observar únicamente cuánto produce, sino también cómo gestiona sus riesgos sanitarios, ambientales y territoriales.

En consecuencia, una definición completa debe entenderla como una actividad biológica, tecnológica, económica, alimentaria y territorial, en la que intervienen diversos conocimientos, infraestructuras, instituciones y personas.