Acuicultura
Acuicultura global
La acuicultura es el cultivo de organismos acuáticos bajo condiciones en algún grado controladas por el ser humano, en agua dulce, salobre o de mar.
¿Qué es la acuicultura?
La acuicultura es el cultivo de organismos acuáticos bajo condiciones en algún grado controladas por el ser humano. Incluye peces, moluscos, crustáceos, algas y otros organismos que pueden producirse en agua dulce, agua salobre o agua de mar.
A diferencia de la pesca extractiva, que obtiene organismos directamente desde poblaciones silvestres, la acuicultura permite manejar distintas etapas del ciclo productivo, como la reproducción, producción de juveniles o semillas, alimentación, crecimiento, cosecha, procesamiento y comercialización.
Además, no existe una única forma de hacer acuicultura. Los cultivos pueden desarrollarse desde sistemas relativamente simples y de pequeña escala hasta instalaciones altamente tecnificadas destinadas a grandes mercados. Esta diversidad permite adaptar la producción a distintas especies, ambientes y realidades productivas.
Hay diversas formas de clasificación de la acuicultura, según su grado de intensividad, tipo de cuerpo de agua que utiliza, proximidad a la costa (en el caso de la maricultura), y otras denominaciones en función del grupo taxonómico de organismos cultivados.
Una actividad que ha crecido rápidamente
Durante las últimas décadas, la acuicultura ha experimentado un crecimiento sostenido y se ha convertido en una actividad cada vez más importante para el abastecimiento mundial de alimentos.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en su informe El estado mundial de la pesca y la acuicultura 2024, la producción acuícola mundial alcanzó en 2022 un récord histórico de 130,9 millones de toneladas, frente a los 122,8 millones registrados en 2020.
De ese total:
- 94,4 millones de toneladas correspondieron a animales acuáticos;
- 36,5 millones de toneladas a algas.
El valor estimado de la producción acuícola mundial alcanzó los US$312.800 millones en 2022.
Estas cifras permiten dimensionar una actividad que actualmente ocupa un lugar central dentro de los sistemas alimentarios mundiales.
Un hito histórico: la acuicultura superó a la pesca
El año 2022 marcó un punto especialmente importante para la producción mundial de alimentos acuáticos.
De acuerdo con la FAO, por primera vez en la historia la producción de animales acuáticos provenientes de la acuicultura superó a la pesca de captura.
La acuicultura alcanzó 94,4 millones de toneladas de animales acuáticos, frente a aproximadamente 91 millones de toneladas provenientes de la pesca extractiva.
Los animales acuáticos cultivados (excluyendo algas cultivadas) representaron así el 51 % de la producción mundial y alcanzaron un récord del 57 % de la producción destinada al consumo humano.
Este cambio representa una transformación estructural en la manera en que el mundo obtiene sus alimentos acuáticos. Durante gran parte del siglo XX, la mayor parte provenía de pesquerías extractivas. Con el crecimiento de la acuicultura, los sistemas de cultivo han adquirido un papel cada vez más importante en el abastecimiento alimentario mundial.
¿Dónde se produce la acuicultura?
La producción acuícola no se distribuye de manera uniforme alrededor del planeta.
Asia concentra la mayor parte de la producción mundial y fue responsable de cerca del 88 % del aumento neto de animales acuáticos cultivados entre 2020 y 2022. China es el principal productor, seguida por países como India, Indonesia y Vietnam.
En esta región tienen gran importancia los cultivos de agua dulce, los estanques, los policultivos, la producción de camarón costero y los sistemas destinados al abastecimiento de grandes mercados internos.
En Europa, la acuicultura suele estar más asociada a sistemas tecnificados, empresas medianas y grandes, regulación ambiental, certificaciones y un uso creciente de tecnología.
En América Latina, en cambio, el crecimiento ha estado vinculado principalmente a especies orientadas a mercados de exportación, entre ellas salmones, camarones y algunos moluscos.
Estas diferencias muestran que la acuicultura mundial no responde a un único modelo productivo: existen desde pequeños productores rurales orientados al autoconsumo o los mercados locales hasta industrias altamente tecnificadas integradas a cadenas globales de exportación.
Agua dulce, costas y océanos
La acuicultura también puede clasificarse según el ambiente en que se desarrolla.
De acuerdo con los antecedentes recopilados por la FAO para 2022, la acuicultura continental (agua dulce o salobre) aportó el 62,6 % de los animales acuáticos cultivados a nivel mundial, mientras que la acuicultura marina y costera representó el 37,4 %.
Esto permite comprender que, aunque muchas veces asociamos la acuicultura con instalaciones ubicadas en el mar, una parte mayoritaria de los animales acuáticos cultivados en el mundo proviene de sistemas continentales.
Mucho más que peces
La acuicultura mundial presenta una enorme diversidad de especies.
Entre los peces se cultivan especies como:
- carpas;
- tilapias;
- bagres;
- salmones;
- truchas.
Entre los crustáceos destaca especialmente el camarón, mientras que entre los moluscos se encuentran ostras, mejillones, almejas y ostiones.
Las algas también representan una parte importante de la producción mundial y pueden destinarse tanto a alimentación como a materias primas industriales y al desarrollo de nuevos productos.
Esta diversidad demuestra que la acuicultura mundial es mucho más amplia que la imagen que habitualmente tenemos desde Chile, donde la actividad suele asociarse principalmente con el cultivo de salmones.
Una actividad clave para la alimentación mundial
El crecimiento de la acuicultura no se explica únicamente por el aumento de sus volúmenes productivos.
Los alimentos acuáticos aportan proteínas de alta calidad, aminoácidos esenciales, minerales, vitaminas y ácidos grasos beneficiosos para la salud humana. La FAO estima que miles de millones de personas obtienen una parte importante de su ingesta de proteínas animales y micronutrientes a partir de estos alimentos.
Según la FAO, más de la mitad de los alimentos acuáticos consumidos actualmente por la humanidad proviene de cultivos acuáticos, reflejando el creciente papel de esta actividad dentro del sistema alimentario global.
Su contribución a la seguridad alimentaria, sin embargo, no depende únicamente de cuánto se produce. También intervienen factores como la accesibilidad, los precios, la distribución, la sostenibilidad, la diversidad de especies y su valor nutricional.
Empleo y desarrollo
La acuicultura también cumple un importante papel económico y social.
La actividad genera empleo asociado no solo a la producción, sino también al procesamiento, transporte, comercialización, tecnología e investigación. En numerosos territorios costeros y rurales constituye, además, una fuente relevante de desarrollo regional.
Dentro de la producción acuícola propiamente tal, la actividad genera trabajo para cerca de 22 millones de personas en el mundo, principalmente en Asia.
En países asiáticos y africanos, la acuicultura de pequeña escala también puede contribuir directamente a la nutrición familiar, los ingresos rurales, la reducción de la pobreza y la resiliencia alimentaria.
El desafío: producir más, pero también mejor
El crecimiento de la acuicultura mundial plantea importantes desafíos.
Entre ellos se encuentran:
- la sanidad;
- la sostenibilidad ambiental;
- el uso responsable del agua y de otros recursos;
- la gobernanza;
- el bienestar animal;
- la equidad social;
- la adaptación al cambio climático;
- y la capacidad de innovación tecnológica.
El cambio climático representa un desafío particularmente relevante. Alteraciones en la temperatura, acidificación y eventos extremos pueden afectar tanto a la pesca como a la acuicultura, haciendo cada vez más importante la capacidad de adaptación tecnológica y regulatoria.
Por esta razón, el futuro de la acuicultura no depende únicamente de producir más alimentos. Su contribución también estará determinada por la capacidad de desarrollar sistemas más sostenibles, resilientes y accesibles.